Ejercer de entrenador en Extremadura no es fácil. Al menos como medio para ganarse la vida.
El fútbol en la región discurre en niveles tan modestos
que para la mayoría de los preparadores del grupo XIV el banquillo
supone un refugio donde descargar la adrenalina después de la jornada
laboral. Sólo tres técnicos de la Tercera extremeña se dedican en
exclusiva a entrenar. Secuelas de las limitaciones de un fútbol que no
termina de desprenderse de la etiqueta de aficionado.
Este tímido paso hacia el profesionalismo dibuja un
paisaje de lo más variopinto por los banquillos extremeños. Los hay
funcionarios, profesores, instaladores de gas, encargados de obra, que
regentan un pub, monitores, comerciales, responsables de tienda y hasta
un concejal. Su pan de cada día. Pero como la profesión va por dentro
se multiplican para compatibilizar su trabajo diario con las sesiones
en el césped. El fútbol extremeño no produce el sustento suficiente
para mantener una casa. De ahí que gran parte de los entrenadores de la
región hagan el sacrificio de estirar sus horarios a costa de sus
familias para encontrar un hueco donde dar rienda suelta a algo más que
una pasión.
Exclusividad
Agustín Izquierdo (Jerez), Aitor Bidaurrázaga (Ciudad) y
Moisés Rodríguez (La Estrella) son los únicos que tienen como modo de
vida dirigir un equipo. Los tres cambiaron las botas por la pizarra y
se pueden permitir vivir de las rentas que les dejó el fútbol en su
fructífera trayectoria de futbolistas. «Yo sólo vivo del fútbol. Me
mantengo con lo que me ofrece La Estrella y de los ahorrillos de mi
etapa de jugador», apunta el sevillano Moisés, afincado en Extremadura
tras firmar una impecable hoja de servicios en Primera en las filas de
Sevilla, Castellón y Mérida. Un caso parecido al de sus homólogos en
Jerez y Ciudad de Plasencia. «Antes tenía unos negocios entre manos,
pero ahora ya sólo me dedico a entrenar». Agustín Izquierdo maneja bien
su agenda. Ha descartado ofertas de Segunda B por quedarse en su
tierra. Lo suyo es pisar sobre seguro. Hace sus cuentas y esa
particular filosofía le sitúa como uno de los entrenadores más fiables
y rentables del fútbol extremeño. Su presencia en un banquillo es
garantía de éxito. Con el Don Benito ha escrito las páginas más
brillantes de la historia de la entidad calabazona y ahora ha devuelto
al Jerez a la primera línea a pesar de contar con una plantilla muy
limitada de efectivos por las estrecheces presupuestarias.
Desde la parcela técnica de un club modesto como el
Ciudad de Plasencia, Aitor Bidaurrázaga refuerza aún más su vinculación
con la práctica del balón donde enfoca su futuro y para ello está
centrado en sacarse el título de técnico de grado superior en su nivel
3.
Administración, más fácil
En el otro lado, se encuentra el grueso de los técnicos
extremeños. El escaso nivel adquisitivo de los clubes que forman el
grupo XIV les obliga a tener que ganarse el sueldo fuera de los
terrenos de juego. La condición de funcionarios de gran parte de los
usuarios de los banquillos facilita esa actividad extra. Pero otros
como Santos Granado van del tajo al césped casi sin tiempo de cambiarse
el mono por el chándal. «Siempre voy con el tiempo justo, si me retraso
un poco como tengo que cruzar todo Badajoz pillo el atasco y llego
tarde al entrenamiento». En todos estos casos la familia es quien sufre
las consecuencias. «Salgo a las ocho de la tarde del almacén para ir a
entrenar a Olivenza y llego a casa pasadas las once de la noche después
de todo el día currando», asume el técnico del Olivenza.
Disponer de todas las tardes libres es un lujo para un
asalariado metido a jefe de vestuario. Adolfo Muñoz montó su propio
negocio como autónomo en Pueblonuevo. Hace veinte años, de vuelta de
sus tiempos gloriosos en Atlético de Madrid, Logroñés y Murcia a su
pueblo natal, abrió junto a su esposa una especie de multitienda donde
tiene cabida de todo, desde artículos deportivos hasta productos de
alimentación, cosmética y droguería. «Es lo que pasa en los pueblos,
tienes que ofrecer de todo», apunta el entrenador del Badajoz. Lo mismo
entra un joven a probarse unas botas de fútbol o un chándal que un
señor jubilado a por un paquete de arroz o una caja de leche. «Hace
veinte años que mi mujer y yo abrimos la tienda y aquí seguimos». Ahora
su particular rutina diaria ha cambiado un poco, ya que con la reciente
decisión de entrenar por las mañanas tiene que dejar a su esposa al
frente de la tienda. Además, también invirtió en unos terrenos que
dedica al regadío. Lejos quedan los tiempos en los que entrenar al
Badajoz no requería de más obligaciones que preparar las sesiones
diarias.
Profesor de universidad
Juan Marrero es concejal del PP en Mérida y se gana la
vida como técnico de prevención en riesgos laborales. Tomás García
Calvo y Pacomio son licenciados en Ciencias de la Actividad Física y
Deporte y ejercen como profesores. El entrenador del Arroyo en la
Facultad de Ciencias del Deporte de la Uex y el responsable del Imperio
en un instituto de Almendralejo. El modesto equipo de Arroyo de la Luz
apostó para su banquillo por una eminencia en entrenamiento deportivo y
de su mano se ha erigido en la auténtica sensación del campeonato.
García Calvo compagina la docencia con los entrenamientos del Arroyo.
Es autor de varios libros sobre la materia, además de profesor de
Psicología, Metodología y Dirección de equipos en la Escuela de
Entrenadores de Fútbol.
En los tres clubes más representativos de la región en
una categoría profesionalizada como la Segunda B el panorama tampoco
difiere mucho. Ángel Marcos (Cacereño) tiene una autoescuela, Tinín
(Cerro) trabaja en la distribución y Domingo Suero (Villanovense)
ejerce como oficial jefe de la Policía Local de Santa Amalia. Son las
miserias de un fútbol que quiere crecer, pero por la eterna falta de
iniciativa privada se debate entre un quiero y no puedo.