Bernardo Plaza mejoró primero la condición física de su
equipo. Luego armó en condiciones a la defensa y consiguió apostar por
el toque y el buen juego. Ahora le toca al técnico emeritense poner a
punto la pegada de sus hombres. Ayer gozaron de 18 tiros a puerta y
ninguno fue capaz de rozar las mallas, por posesión, ocasiones e
intención, el Mérida mereció ganar ayer, y de sobra, a un Arroyo, que,
sin embargo, gozó de hasta cuatro claras oportunidades. Lo que
confirma, por un lado, su condición de equipo revelación y, por el
otro, que es un conjunto bien trabajado en defensa con dinamita arriba.
El partido comenzó con dos buenas noticias para el
Mérida. La primera, una plantilla que cada día juega mejor el balón. La
segunda, el récord de imbatibilidad de la temporada de su guardameta
Ortiz que, en el minuto 20, superó la anterior marca que ostentaba
Ímola.
Dos minutos después de lograr esta marca, el propio
Ortiz ofreció en bandeja la ocasión más manifiesta del partido al
arroyano Pablo Moreno. Cuando tenía la ocasión clara para atajar el
esférico se le escapó y el rechace fue a parar a los pies de Pablo
Moreno que, escorado, lanzó al lateral de la red de la portería local.
El dueño del encuentro siempre fue el Mérida, que empezó
a coleccionar más y mejores ocasiones. En las botas de Juan Jesús, Pla,
Copito o Casiano el peligro fue continuo. Pero el Arroyo seguía
teniendo sus opciones. El asedio del Mérida fue progresivamente más
constante, sobre todo tras la expulsión de Tomás a falta de 15 minutos,
pero los de Bernardo Plaza aún tiene una asignatura pendiente, que
tendrá que solucionar en los próximos encuentros para no perder comba
en la tabla clasificatoria.